CUESTIONANDO LA SABIDURÍA CONVENCIONAL SOBRE LAS PENSIONES.
(Parte II y última)
Este
artículo critica los argumentos que se están promoviendo para sostener la tesis
de que el sistema de las pensiones públicas en España no es sostenible,
supuestos que reproduce también el Comité de Expertos en Pensiones.
3. A mayores años
de vida adicionales de la población, mayor es su capacidad y obligación
de trabajar. Esta observación, derivada de la anterior, continúa ignorando que
no solo la esperanza de vida varía mucho según la clase social, sino también su
calidad de vida. La calidad de vida de los años añadidos a la longevidad de una
persona jubilada varía también de una manera muy evidente y clara según el tipo
de trabajo y empleo (y, por lo tanto, de clase social del individuo) que ha
tenido durante su vida laboral. A menor nivel de renta de la persona, y a menor
autonomía, creatividad y condiciones satisfactorias del trabajo y empleo que la
persona haya desarrollado, mayor es la discapacidad y limitaciones “propias de
la edad”, con menor deseo de continuar su trabajo. De esta realidad se deriva
el principio aplicado en muchos países –pero no en España- de que la jubilación
es un derecho más que una obligación. Para la mujer de la limpieza es una
bendición el poder dejar de trabajar. Pero no así para un catedrático, o para
un médico, o para un profesional que goza en su trabajo. La aplicación del
principio de considerar la jubilación como un derecho (como ocurre ya en muchos
países a los dos lados del Atlántico) implica el derecho a que no haya
obligación de jubilarse. Como profesor de Hopkins yo no tengo el deber de
jubilarme. Siempre y cuando el trabajo esté al nivel que se exige de un
profesor de universidad, la institución no puede jubilarme, como resultado de
la ley que prohíbe la discriminación a los ancianos (una ley, por cierto, que
sería muy necesaria en España, donde la discriminación en contra de los
ancianos es muy acentuada).
4. El mayor
problema que determina la necesidad de reformar el sistema de pensiones es el
demográfico. A más gente anciana que vive más años y menos gente joven, mayor
será el problema de la financiación. Esto no es así, pues se ignoran muchas
realidades. En los sistemas de financiación a base de contribuciones sobre el
trabajo (las cotizaciones sociales), el escenario no consiste en jóvenes versus
ancianos, sino en trabajadores versus pensionistas. E incluso más importante es
la cantidad de la aportación, que depende del salario y de la productividad. De
la misma manera que ahora el 2% de la población que trabaja en agricultura
produce más alimentos de los que producía el 18% que trabaja en el campo hace cuarenta
años, un trabajador dentro de cuarenta años producirá y contribuirá muchas
veces lo que produce y contribuye un trabajador ahora. En realidad, el mayor
problema que tiene el sistema de financiación actual de las pensiones no es el
demográfico, sino el laboral, es decir, el escaso porcentaje de puestos de
trabajo, consecuencia, en parte (no de la siempre supuesta rigidez del mercado
laboral) de la escasísima producción de puestos de trabajo (e incluso más
escasa producción de buenos puestos de trabajo) resultado de un escaso
desarrollo de la infraestructura social y humana del país. Si España tuviera el
mismo porcentaje de la población adulta trabajando en los servicios del Estado
del Bienestar que tiene Suecia, España tendría cinco millones más de puestos de
trabajo. Es esta escasez de puestos de trabajo el problema de las pensiones
contributivas, tema que ni está ni se espera en la citada Comisión. Es
lamentable que la solución que predeciblemente aparece como más factible sea la
reducción de las prestaciones en lugar de aumentar los recursos para
mantenerlas e incluso expandirlas.
Artículo publicado por Vicenç Navarro en
la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 3 de junio de 2013 y que
a petición de un afiliado de
Jubilats-USOC (Álvaro Gar cía Travanca), se publica en este Blog.
Jubilats-USOC


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