CRÓNICA DE UNA MUERTE
IMPOSIBLE.
Yo
estaba en Colombia en 1982 cuando se produjo la entrega del Premio Nobel a
García Márquez. Había ido como invitado al congreso de la CLAT (Central
Latinoamericana de Trabajadores), que se celebró en Bogota.
En
verdad, fue un acontecimiento inolvidable, mágico, abusando del adjetivo tan
reiterado en estos días tras su muerte.
La
comparecencia de García Márquez, haciendo trizas el rígido protocolo, con una
suerte de guayabera típica del campesino colombiano cuando se engalana, su
discurso sobre la centralidad humana de la poesía, la apelación a la
independencia real de America Latina, lejos de toda magia quimérica… provocaron
tempestades de orgullo y esperanza en las masas populares colombianas y
latinoamericanas todas, que se sintieron vibrar y pesar en la escena mundial a
través de un instrumento divino –Gabo- y un instrumental muy propio de palabras
y sueños –la literatura del realismo mágico- metido en una caja de poderes y
matices infinitos –la lengua castellana-.
Por
unos días, Bogota fue una ciudad segura, paseable a la luz del sol, en la que
atronaban las cumbias y vallenatos en general y las más estimadas por García Márquez
en particular, “Verónica” muy en especial. A las bailantas nocturnas con
vallenato y cumbia en vivo, ron de Caldas y arepas de queso, no hacía falta
llegar con el taxi hasta adentro… Casi nadie mató, ni robó, ni secuestró, ni
explosionó coches-bomba aquellos días. Hubiera sido hacerle un feo muy grande a
Gabo, tan pintón él, todo de blanco en medio de aquel viejerío nobelesco del
Nobel.
Pero
no es exagerado afirmar que aquellos días felices y explosivos, de imposibles
soledades, lo fueron también en toda America Latina, un continente que se
sentía humillado por la reciente intervención militar de la Thatcher en Las
Malvinas y la masacre contra aquellos infelices soldados ateridos, hambrientos,
mal armados, que los militares genocidas argentinos enviaron a una aventura
imposible en un intento criminal de lavar la sangre que chorreaban sus manos con
la recuperación de las islas bajo dominio colonial británico.
La
derrota en Malvinas en el 82 provocó la caída y posterior juicio de los
militares asesinos que sembraron de sangre y dolor su país entre 1976 y 1983.
No quiero ni pensar cómo habría sido la historia posterior de aquel horror si
la aventura de Malvinas les sale bien a los genocidas…
El
caso es que la euforia de latinoamericanidad que desató el Premio Nobel a
García Márquez fue balsámica frente a la derrota de Malvinas e impulsora de la
salida democrática en Argentina y en otros países atrapados por dictaduras
militares de la llamada “seguridad nacional”.
Concluyendo, en medio del justo exceso de
necrológicas que ha cosechado García Márquez en su transito a la inmortalidad,
algunas voces han pretendido descalificar la vertiente ideo-política de su vida
por culpa de la entrañable relación que tuvo con Fidel Castro, dictador de una
dictadura donde las haya, dicen, tan democráticos ellos.
Pienso yo que tal vez a Gabo aquellas “democracias”
abarrotadas de pobreza, hambre, malnutrición infantil, viejos en la cuneta,
injusticia y corrupción en sobreabundancia, no le merecían ningún respeto
respecto a una Cuba cuyos déficits políticos los compensaba con creces sus
superávits sociales en materia de educación, salud, alimentación, vivienda,
cuidado de la infancia y la vejez, dignidad nacional…
Gracias, maestro, porque su vida y sus palabras, en
el recipiente común de la lengua y la sangre, seguirán contribuyendo a que las
estirpes condenadas a cien años de soledad tengan todas las oportunidades
abiertas hasta hacer de la Tierra un espacio de Paz, de Vida y de Belleza para
todos.
Colaboración de Manuel Zaguirre
militante activo y Exsecretario
General de la USO.
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