EL PAPA
FRANCISCO VA EN
SERIO.
Cada
vez estoy más convencido de que el proceso de cambio radical, desde la raíz,
que impulsa el Papa Francisco va en serio, muy en serio. Tendrá muchas
dificultades, frenazos, miedos, sabotajes, incertidumbres… pero va en serio.
Y
va en serio porque ese proceso de cambio radical de la Iglesia Catolica
responde a necesidades y aspiraciones muy sentidas, muy de fondo, por parte de
amplias mayorías sociales y humanas de este planeta, no sólo del interno de la
Iglesia Catolica, que también.
Este
es un mundo sobre el que pesan serios riesgos de autodestrucción a causa de la
inhumanidad y la codicia dominantes. Es lógico, y muy necesario, repito, que
todas las voces sinceras que reclaman un mundo al servicio de la Humanidad y de
la dignidad integral de todas y cada una de las personas, se alcen con valentía
y merezcan el interes, la confíanza y la esperanza de esa gran parte doliente
de la Humanidad. Maxime si hablamos del líder espiritual de una colectividad de
1500 millones de seres humanos.
Los
sucesivos gestos del Papa Francisco van todos en una dirección inequívoca: 1)
Cambiar y descentralizar el mensaje y el funcionamiento de la Iglesia, 2)
Denunciar el desorden económico y social imperante como la causa de la
injusticia y el sufrimiento en ascenso que padecen amplios sectores de la
Humanidad.
El
extenso documento que publicó hace un mes y medio, sin llegar a ser una
Encíclica, fijaba con nitidez su visión de este mundo: “Esta economía de la exclusión, la injusticia y la desigualdad, mata”. Luego…
Hace
un par de días tuvo otro gesto de una humildad, y un riesgo, inmenso. Bautizó
al hijo de una pareja casada civilmente, porque ese era el deseo de sus padres,
del mismo modo que lo fue cuando decidieron casarse en un juzgado y no en una
iglesia.
En
esa misma ceremonia aprovechó para darle un varapalo a los “curas-mariposa”,
los “curas-suntuosos”, que pasean su vanidad sobre los creyentes como adorno
“suntuoso” de un rito aparente sin valor ni contenido real. El Papa respaldaba su
varapalo a los curas ficticios con su propio testimonio de humildad y ternura
al administrar el sacramento del bautismo a un niño cuyos padres no asumieron el sacramento en el matrimonio…
Abundando,
hace unos días, Francisco nombró un buen numero de nuevos cardenales, la mayor
parte de ellos procedentes de países forzosamente empobrecidos, incluyendo al
primero procedente de Haiti, uno de los países más empobrecidos de la Tierra y
sepultado aun bajo los escombros integrales de un terremoto pavoroso que, tras cuatro años desde que estalló,
amenaza con no cesar nunca.
Entre
los nuevos cardenales se encuentra un hombre bueno, culto, humanista,
progresista, que jugó un importante papel en la Transición aunque más discreto
que el de otros dirigentes eclesiales. Me refiero a Fernando Sebastian Aguilar,
arzobispo emérito de Pamplona-Tudela, con el que tuve diversas ocasiones de
contacto e intercambio. La última, hace unos años, se frustró porque se
enfrascó en la lectura de un libro en algun recoveco del aeropuerto de Madrid y
perdió su vuelo a Pamplona, donde yo lo esperaba en su despacho oficial. El
mayor defecto de Don Fernando es su mayor virtud: el pozo infinito de sabiduría
de sus 85 años.
Lo
dicho, Francisco va en serio. Y es deber de todas las personas decentes,
humanistas, progresistas, brindarle apoyo y respaldo. Y los creyentes, además,
rezar por su seguridad y el éxito de su empeño en la Iglesia y en el Mundo.
Jubilats-USOC
Colaboración de Manuel Zaguirre.
ExSecretario General de la USO.


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